ROMA
LA VIA APPIA
ANTIGUA

 

La Via Appia, llanada por los mismos romanos como la reina de los caminos (Regina Viarum), fue construida en varias etapas. Su comienzo data del año 312 a.c., por orden del Senado Romano, cuando éste encargó al cónsul Appio Claudio la construcción de un camino directo que uniera Roma con Capua, distante 195 Km. El motivo principal de dicho encargo fue de carácter militar, pues se permitiría a las legiones trasladarse rápidamente hacia el sur, en el corazón del recién conquistado reino de los Samnitas (pueblo que dominaba parte de la Región "Campania", muy cerca de la misma Roma). Con la construcción de este camino, Roma se ponía en condición de continuar, con ventaja, su política de expansión territorial hacia el mediodía italiano. Esta importante vía de comunicación sería utilizada, además, para logística militar, transmitiendo con rapidez órdenes y llevando materiales. También se trasladarían mercaderías varias y personas civiles. Por todos estos motivos, la obra era de vital importancia para el futuro de Roma.

Desde el comienzo, se previó que esta ruta se extendería con el tiempo, siguiendo las huellas de las futuras conquistas romanas, y así ocurrió realmente. De ella se bifurcaron luego caminos hacia los puertos más importantes, facilitando de esta manera las comunicaciones con Oriente.

Para la construcción de esta ruta, Appio Claudio tuvo que enfrentar muchas dificultades, comenzando con el cruce de los pantanos llamados "Pontinos" para llegar a Terracina, como primera etapa. Continuando, tuvo que sortear otros importantes obstáculos naturales, propios del terreno. Para ello fue necesario ejecutar grandes obras de ingeniería, como construir puentes, allanar colinas, rellenar valles y resolver muchos otros problemas como, por ejemplo, conseguir la suficiente mano de obra y recibir a tiempo los materiales necesarios. Todo esto se superó con ingenio, organización, mucho trabajo e importantes inversiones económicas, que Roma aportaba pues conocía la importancia estratégica de esta obra. Desde sus inicios, el camino se llamó Via Appia, recordando así el nombre de su constructor.

La ruta fue construida con pericia y precisión, digna de los mejores ingenieros modernos. En efecto, era posible transitarla bajo cualquier estado atmosférico existente, en primer lugar durante y después de las lluvias, que rendían prácticamente intransitables los senderos utilizados hasta entonces para cualquier traslado con carros rodados. La técnica utilizada, absolutamente revolucionaria para aquella época, consistía en la construcción de un fondo de pedrusco que permitiese un excelente drenaje para las aguas y, sobre el mismo, la colocación de grandes piedras levigadas (lajas), perfectamente adaptadas entre ellas, formando un plano muy adecuado para cualquier tránsito rápido. A partir de esa innovación, tanto la República Romana como el posterior Imperio, pudieron construir la vastísima red de caminos en todo el mundo dominado por ellos, de la cual todavía hoy quedan muchos rastros.

Como estaba previsto, esa primera ruta se extendió mucho, llegando en primer lugar hasta Benevento (año 190 a.c.), luego cruzó los Apeninos hasta Taranto, con un recorrido total de 540 Km. Una bifurcación permitía también llegar hasta el puerto de Brindisi. Durante el período imperial, desde César hasta Augusto, pasando por Trajano, este camino se siguió extendiendo, se modificó su recorrido, se normalizaron tanto las medidas y los métodos y se embelleció. Además la Via Appia pudo ser utilizada con distintos fines. Por ejemplo, en los tiempos de Augusto se inauguró un correo regular, por medio de estafetas, para distribuir mensajes y encomiendas. (En esa época los mensajes estaban escritos en sutiles tablitas de madera encerada o en papiros). Se organizó también el mantenimiento del camino, del cual eran responsables los gobernadores de las zonas transitadas.

Es muy interesante mencionar algunas particularidades de la Via Appia. Su anchura fue emparejada a lo largo de todo el trazado y llegó a ser de 4,15 metros, correspondientes a 14 pies romanos, lo que permitía el cruce de dos carruajes marchando en sentidos opuestos. Los principales carruajes utilizados por los romanos eran las “bigas”, arrastradas por dos caballos y tenían dos ruedas, y los “carros”, con cuatro caballos y cuatro ruedas.
Los caballos que acarreaban estos carruajes, eran atados a cada lado de un eje de madera transversal engrampada a los mismos carros.

A los costados de la ruta, existían banquinas de tierra apisonada, con una anchura de 1,5 metros en cada lado. Las mismas se usaban para aparcar los carruajes en caso de emergencia, y también para el tránsito de los numerosos peatones.

Con fines de servicio, en el recorrido se instalaron, cada 10 o 15 Km. postas para que los viajeros pudieran cambiar de caballos, refrescarse y eventualmente alojarse. Sobre este tema recordamos que Horacio (Quinto Horacio Flacco, poeta romano), escribió una aguda sátira describiendo los bemoles de un viaje suyo de 15 días por la Via Appia (de Benevento a Roma en el año 10 a.c.) y los inconvenientes surgidos en las distintas postas.

Como anécdota, se puede recordar la famosa respuesta dada al Apóstol San Pablo cuando preguntó a un peregrino cómo llegar a Roma. La misma fue: “todos los caminos conducen a Roma”. Estas palabras fueron célebres y rigurosamente ciertas. De hecho, tanto la Via Appia como la Via Flaminia (llegaba a la Ciudad de Rimini) y la Via Aurelia (llegaba hasta los Alpes Marítimos), partían de Roma y eran rutas principales, a las cuales se unían derivaciones a todas partes que, a su vez, se conectaban a calles secundarias.

Volviendo a la Via Appia, cabe también recordar el hecho histórico de la rebelión de los esclavos (año 71 a.c.), iniciada por el famoso gladiador Espartaco. El cónsul romano Craso, que pudo derrotar, luego de muchos esfuerzos, al poderoso ejército rebelde formado el inteligente esclavo de Tracia (año 73 a.c.), hizo crucificar desnudos a los 6.000 prisioneros capturados, en otros tantos postes colocados en los bordes de esa carretera, llegando desde Roma hasta Capua.

Especialmente durante la época imperial, la "Via Appia" llegó a ser el más lindo de los caminos, En efecto, mientras ese trazado adquiría paulatinamente mayor importancia en la economía romana, surgían cada vez más a su costado magníficos edificios y monumentos, como templos, villas, fuentes y hasta tumbas, como ostentación de riqueza y poder (por ejemplo la tumba de Cecilia Metella, la de Ania Regilla y las mansiones de "Massenzio" y de "Quintili"). Todo era construido con una extraordinaria magnificencia. Cabe aclarar que la presencia de tumbas se debía a la prohibición vigente de sepultar u cremar cadáveres en la ciudad (#1).

En los últimos tiempos de Roma, la falta de mantenimiento perjudicó mucho la Via Appia. En algunos lugares (que se han conservado intactos), aún se pueden observar los surcos dejados por los carruajes. Dada la profundidad de las huellas (ver la foto), se cree que quienes los conducían las utilizaban para aligerar la marcha. En cambio, en otros trechos originales, ni siquiera se distinguen huellas, y seguramente debían haber sido de difícil tránsito.

Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, estas obras arquitectónicas fueron despojadas de sus objetos más valiosos: estatuas, mármoles y decoraciones. Todo fue robado o destruido. La misma Via Appia fue abandonada oficialmente y todo se convirtió en ruina, a pesar de los intentos del Rey bárbaro Teodorico (454/ 526) para mantenerla operativa. El camino fue casi olvidado por siglos hasta el Renacimiento (1350 a 1550), en cuya época fue redescubierto y comenzaron los primeros trabajos para que algunos trechos pudieran ser reutilizados cubriendolos con diversos materiales, hasta, en algunos casos, con tierra apisonada. En los años modernos, muchos trechos de la Via Appia antigua fueron asfaltados y reutilizados, como por ejemplo en la zona de Velletri entre otras, lugares donde la Via Appia está hoy abierta al tráfico automovilístico.

Con respecto a los restos existentes hoy en los costados de la Via Appia, se puede apreciar lo que queda de las que fueron importantes construcciones, de gran valor arquitectónicos e histórico. Solamente en la cercanía de Roma y considerando además lo construido en la época cristiana, se completa un circuito muy frecuentado por estudiosos, arqueólogos y turistas. Citamos algunos lugares como ejemplo: Las Termas di Caracalla, las iglesias de "San Nereo y Achilleo", la de "San Cesareo in Palatio", el "Oratorio dei Sette Dormenti", el "Sepolcro degli Scipioni", el "Arco de Druso" entre muchos más.

Actualmente se están realizando excavaciones promovidas por el "Parco Regionale Via Appia", con la intención de poner de manifiesto tanto el valor histórico como el testimonio de la grandeza que representó todo ese sitio.

Alfonso Triboulet

 

Referencias:
(#1) = Para la plebe y los "libertos" se edificaron los "colombari" (tumbas comunes formadas por centenares de nichos) donde se guardaban sus cenizas. Estas grandes funerarias fueron construidas excavando las rocas al lado de de alguna colina.