LA FUENTE DE TREVI

La más famosa fuente de Roma es, sin lugar a duda, la de Trevi. Se encuentra en una plaza relativamente pequeña, donde muchos turistas se detienen, cada día, frente a ella. Quien llega a Roma, difícilmente pueda resistir al deseo de verla una vez más, por su belleza pero también por su fama y su historia. Ésta comenzó hace mucho, en los tiempos antiguos. Cuando se fundó Roma, la única fuente de agua para su gente era el río Tiber, pero los romanos aprendieron bien pronto cómo construir acueductos, para llevar hasta su ciudad agua pura, directamente desde las numerosas surgentes que existían en la región. Siempre fueron maestros en esto, como lo demuestran las ruinas de los gigantescos acueductos que han construido en toda Europa.

El primer acueducto conocido fue inaugurado en el año 310 a.c. Pronto hubo otro, que transportó agua a Roma desde el valle de Aviene, en las proximidades de la ciudad de Tivoli, a 60 kilómetros de distancia. Otro, transportó agua de una surgente llamada "Rosolino". Luego, en el año 140 a.c., los romanos consiguieron llevar a la ciudad agua caliente, llamada "Tépula", tomada de una surgente subterránea. Este agua, de 20 grados, se derivó a una terma y también a las casas de las altas clases sociales, que disponían de amplias tinajas y de piletas personales.

El acueducto que, siglos después, alimentó la Fontana de Trevi, fue aquel construido en el año 19 a.c. por Marco Vipsanio Agrippa, general Romano que, entre otras grandes cosas, hizo construir el Pantheón. Marco Agrippa quiso un acueducto para alimentar una terma que estaba construyendo en "Campos de Marte", el agua que trajo se llamó "Agua Virgen" por una leyenda, que se popularizó en aquel entonces y que se refería a una joven muchacha, que habría sido quien reveló el lugar de la surgente a unos soldados sedientos.

Transcurrieron muchos siglos. En 1453, esta agua, llamada Virgen, fue la que se transportó al lugar donde hoy surge la Fuente de Trevi, cuyo nombre se debe a una derivación idiomática de esa localidad, entonces llamada Trejo. El motivo para transportar el agua hacia ese lugar, fue el de construir una fuente pública de agua surgente para los pobladores de esa zona, muchos de los cuales todavía se abastecían en el Tiber. La idea fue del Papa Nicoló V (1397-1455). Este Papa, célebre por haber resuelto graves problemas religiosos acontecidos en esa época, fue quien, a edad avanzada, encargó a Juan Bautista Alberti la construcción de esa fuente de uso popular, hasta que, tres siglos después, la misma se convirtió en la magnífica obra de arte que hoy admiramos.

Efectivamente, en el año 1732 otro Papa, Clemente XII, abrió un concurso con el objeto de construir, en ese lugar, una fuente artística. Se presentaron los mejores arquitectos del momento con numerosos proyectos, y resultó seleccionado el de Nicoló Salvi (1697-1751), quien propuso construir una obra realmente espectacular en su presentación artística y muy avanzada en lo que respecta a la tecnología hidráulica de aquellos tiempos. La construcción demandó varios años y fue inaugurada en 1760, cuando el autor del proyecto ya había fallecido.

La Fuente de Trevi ocupa una fachada entera del palacio de los Duques Poli, y su interpretación es totalmente mitológica. El Dios Océano, simbolizado por una estatua de gran factura artística, guía las aguas de las surgentes hasta que ellas formen los mares de la tierra. Los mares están representados por el agua que está en la gran pileta de la fuente, cuya posición está bajo las rocas sobrepuestas, entre las cuales el agua se arremolina y burbujea antes de caer en la gran taza de la pileta. La interpretación de Salvi es realmente sorprendente, pues confiere a Océano la exacta función que le fue concedida por la mitología griega, como formador de los mares del globo terráqueo. Merecen gran atención los sonidos producidos por los irregulares movimientos de las aguas, que contribuyen a conferir emoción cuando se observa con recogimiento todo el conjunto de esta obra maestra.

En el frente se observa, al centro, la estatua de Océano bajo un arco triunfal de factura clásica, con dos grandes columnas en los costados. Océano se apoya sobre un carro de conchas marinas, arrastrado por caballos alados y tritones. A sus dos lados, sobre el frente, aparecen las estatuas de la Salubridad y la Prosperidad, ambas también entre columnas. Sobre estas estatuas se pueden admirar los bajorrelieves que muestran los orígenes de la fuente, incluyendo la leyenda de la Virgen.

Para terminar, y hablando de leyendas, existen otras dos, muy queridas por todos. Una se refiere a los visitantes y dice que si estos arrojan una moneda dando la espalda a la fuente, se aseguran el regreso, para verla nuevamente. La otra, en cambio, hace mención a una pequeña fuente, aislada, sobre la izquierda (visible en la primera foto) y consiste en que si dos enamorados beben de esa agua, se aseguran eterna fidelidad.

Por último, podemos resumir que la Fuente de Trevi es, hoy, la más famosa del mundo y protagonista de distintos momentos del cine y la literatura, como lo demuestra su presencia en la famosa película de Federico Fellini "La dolce vita".

Franco Belloni