EL COLISEO



1 - LOS ANTECEDENTES

El que tuvo la iniciativa para levantar la imponente construcción que hoy llamamos Coliseo, fue Tito Flavio Vespasiano (7/79) en el año 72 de nuestra era. Vespasiano fue uno de los grandes Emperadores romanos que tuvo el mérito de reordenar el Imperio luego de tanta ignominia ejercida por Nerón, quien se suicidó ante de ser depuesto por Galba. La sucesión del Imperio originó en aquel entonces muchos enfrentamientos entre el mismo Galba y los Tribunos Ottone e Vitellio. Primero fue muerto Galba y luego, al ser asesinado de Vitellio, intervino el ejército, que nombró emperador a Vespasiano.

En aquellos tiempos, Roma estaba en el apogeo de sus fuerzas. El Mediterráneo ya era "Mare Nostrum" y el emperador Vespasiano, a tarda edad, deseaba agregar a los que ya existían, un nuevo monumento digno de la grandeza del Imperio Romano. Luego de haber construido el Arco de Tito (en el año 71 en honor a su hijo mayor, quien destruyó la ciudad de Jerusalén en el año 70) (#1), el Templo de la Paz y dos acueductos, decidió erigir (entre los años 72 a 80), el inmenso anfiteatro, que no pudo ver concluido ya que falleció en el año 79. Lo terminó su hijo Tito Flavio, consagrado nuevo Emperador a la muerte de su padre. A fines del año 80 lo inauguró con el nombre de Anfiteatro Flavio (respetando el nombre tradicional de su familia). Mucho se ha escrito sobre este gran monumento: hechos tangibles, otros que serían verdaderos pero no documentados fehacientemente, y muchos más fruto de la imaginación, que ha creado, con el pasar de los siglos, infinitos cuentos y leyendas, la mayor parte falsas.

Como principio, es necesario aclarar el origen del Coliseo. ¿Por qué fue construido? Roma siempre quiso y tuvo muchos anfiteatros, como el Circo Máximo, el Flaminius (cerca de Campo de Marte), el Vaticanus (donde ahora está el Vaticano), el Romuli (en la via Appia) y numerosos más. También construyó muchos en otros países del Imperio, recordando, como único ejemplo, el Anfiteatro Romano en la ciudad de Córdoba, en España, una obra verdaderamente excepcional.
En todas las grandes civilizaciones, los anfiteatros fueron muy importantes, porque constituían la fuente principal de diversión popular, después del teatro griego y el romano. Sin embargo, los anfiteatros tenían una estructura diferente, preparada para exhibir habilidades y bravuras mediante competiciones llamadas "ludi", en las cuales se desarrollaban numerosos juegos y deportes, como boxeo, carreras pedestres, con caballos, con carros, luchas greco-romanas, etcétera, llegando también a luchas sangrientas, ya iniciadas formalmente en siglos anteriores. Estos combates se realizaban entre adversarios elegidos (luego llamados gladiadores), que luchaban entre ellos o contra animales feroces.
Roma, en la época imperial, contaba con una enorme cantidad de prisioneros provenientes de los pueblos vencidos, los cuales eran transferidos a Italia y destinados, como norma general, a trabajar en esclavitud. Esto era lo normal. Sin embargo, por la extraordinaria abundancia de esclavos, se organizaban combates hombre contra hombre, previamente adiestrados en el uso de diferentes armas. Los anfiteatros que existían en Roma no eran ya suficientes para ofrecer masivamente este tipo de espectáculos y no había instalaciones especiales para ofrecer la espectacularidad deseada para estos combates.

Efectivamente, en la época imperial de Roma, se necesitaba un anfiteatro diferente, que tuviese la posibilidad de ofrecer espectáculos violentos, con derramamiento de sangre, pero con una presentación que transmitiese emoción, que permitiese armar, desarmar y cambiar grandes y fantasiosos escenarios, alojar animales feroces y al personal que los cuidara ("bestiari"), a los gladiadores combatientes (a veces había más de un centenar de ellos en un solo día), adoptar nuevos y originales sistemas para la diversión y el asombro, como montacargas para subir las fieras en el medio de la arena con cierre automático de las aperturas, planos suavemente inclinados y transportables, para unir los subterráneos con la arena en lugares alternativos, etcétera.

Éstos eran los pedidos, y algunos proyectos ya estaban aprobados cuando Vespasiano hizo comenzar la construcción del nuevo anfiteatro. Evidentemente, los arquitectos supieron cumplir con todas las exigencias y levantaron un edificio que, en casi 20 siglos de historia, nadie pudo destruir totalmente, a pesar de las expoliaciones efectuadas en tiempos posteriores, como sucedió, en forma intensiva, durante el medioevo, cuando el Coliseo era prácticamente una cava, de donde todos sacaban material para utilizarlo en otros sitios. Hubo además terremotos, que hicieron caer algo de su estructura superior y grandes incendios, que destruyeron por completo la gran cantidad de madera utilizada en la construcción. No existen más los mármoles, las estatuas, los hermosos y artísticos revestimientos, pero el Coliseo conserva aún su estructura a pesar de todo.

La construcción terminó en el año 80, cuando reinaba Tito Flavio como emperador. Desgraciadamente, luego de la muerte de Vespasiano, grandes desgracias cayeron sobre Roma. La erupción del volcán Vesubio destruyó a las ciudades de Pompeya, Ercolano y Stabia. Además un enorme incendio redujo a ceniza casi todos los barrios populares de Roma, dañando también Campo de Marte y el Campidoglio. A pesar de eso, non terminaron las calamidades: una grave epidemia mató a muchos miles de pobladores, agravando aún más la situación general. Tito socorrió como pudo a la población, pero no logró evitar una grave carestía. Acabados los recursos imperiales, Tito, como emergencia, dispuso distribuir al pueblo las riquezas de los que fallecían sin dejar herederos.

A pesar de las grandes desgracias, el Emperador quiso inaugurar el Anfiteatro Flavio al terminar su construcción, pocos meses antes de su muerte, ocurrida en el año 81 (reinó solamente dos años). Su hermano Domiziano (el último de los Flavios), tomó el poder como Emperador y reinó hasta el año 96. Fue justamente durante ese periodo cuando tomó fuerza el impulso hacia los espectáculos en el nuevo Anfiteatro, que continuaron luego con los futuros emperadores. Para comenzar, y apenas asumió los poderes, Domiziano hizo una reinauguración del mismo, ofreciendo espectáculos por más de 100 días corridos, desde el amanecer hasta la caída del sol. En esa oportunidad, miles de gladiadores perdieron la vida.


2 - LA CONSTRUCCIÓN DEL ANFITEATRO.


El Anfiteatro Flavio fue construido entre las colinas llamadas Esquilino, Palatino y Celio, en un lugar donde Nerón tenía su residencia, llamada "Domus Área", en el sitio donde existía un pequeño lago artificial. El principal material de construcción fue extraído de una localidad cercana a la ciudad de Tivoli, en las proximidades de Roma. Se trataba de una cava con roca calcárea, muy apreciada, llamada "tiburtino", por estar ubicada en Tibur (nombre latín de Tivoli). Los cambios idiomáticos transformaron, con el tiempo, tiburtino en “travertino”. Un gran número de esclavos [#2] trabajaron en la cava para extraer grandes bloques de rocas, para producir, allí mismo, los travesaños con medidas preestablecidas. Fueron necesarios más de 150.000 travesaños para construir los pilares y las arcadas, correspondientes a 100.000 metros cúbicos de travertino. Los travesaños eran transportados al lugar de trabajo, donde los acababan. Al colocarlos, utilizaban cemento y flejes de metal para engrampar las distintas piezas.

La magnífica estructura de travertino fue levantada en tres pisos superpuestos de 80 arcadas cada uno, mientras el cuarto piso fue rodeado por un muro que tenía pequeñas ventanas rectangulares. Las arcadas tienen un ancho de cuatro metros y un alto de siete metros (medidas prácticamente exactas). A los pilares fueron adosadas, para conferirles mayor belleza, semicolumnas (columnas seccionadas longitudinalmente por la mitad) de estilo Dórico, Jónico y Corintio, un estilo para cada piso. Las diferencias consisten principalmente en las formas de los capiteles y en las acanaladuras longitudinales de las columnas. Por ejemplo, las acanaladuras son más numerosas y profundas en las columnas jónicas que en las dóricas.

La construcción del Anfiteatro tiene forma elíptica y mide 188 por 156 metros, con una superficie total que cubre 19.000 metros cuadrados, mientas la circunferencia es de 550 metros y la altura de 50 metros). El anfiteatro podía alojar a más de 50.000 espectadores, bien distribuidos de acuerdo a su clase social ("cavea"). Las clases privilegiadas ocupaban el primer piso y, siguiendo el orden jerárquico, la "plebe" se sentaba en el último. Las numerosas escaleras y galerías permitían una rápida salida del Anfiteatro. El Emperador, con su corte, tenía un sitio de privilegio (cubiculum) todo de mármol, a poco más de tres metros de altura sobre la misma arena y al centro de una de las curvas mayores. En frente, en el lado opuesto de la arena y sobre la otra curva mayor, estaban los altos dignatarios del Imperio. El Emperador tenía un pasillo privado para la entrada y disponía también de un pasaje para acceder a los subterráneos. Éstos eran amplísimos, formados por pasillos, celdas, grandes espacios para depósitos de infraestructuras, lugar para las fieras, alojamiento para el personal de servicio, prisioneros, gladiadores, guardias, etcétera. El conjunto debía haber sido verdaderamente impresionante.


3 - LOS GLADIADORES


En general, los esclavos provenían de las numerosas campañas militares ganadas por el ejército romano en todas partes. Los cónsules, que mandaban las legiones, tenían determinados derechos sobre los prisioneros capturados y también sobre los habitantes de los pueblos vencidos, cuando eran acusados de alguna falta. La norma era utilizar a todos ellos como esclavos y remitirlos a Roma. Allí se repartían entre los miembros de la alta sociedad, en mayor número para quienes tenían privilegios mayores o poderes sobre los cónsules que habían batallado. También se regalaban para obtener influencias, o simplemente eran vendidos en el mercado privado de esclavos. Éstos constituían una pertenencia para quienes los poseía, con todos los derechos sobre ellos. Trabajaban bajo capataces a veces crueles, que mantenían la disciplina, empleándolos para tareas de campo, en las cavas, en las construcciones o en cualquier otro servicio a la orden de su señor, que podía hasta dar libertad, a alguno de ellos, cuando entendía que lo merecían, pasando entonces, el esclavo, a la categoría de "liberto". Muchos libertos seguían trabajando para su señor, pero en mejores condiciones. En efecto, era muy difícil mantenerse por si mismo afuera de su ámbito habitual.

Sin embargo, había esclavos rebeldes, que no aceptaban o no se adaptaban a su situación y que, por eso, no eran útiles para el trabajo que se les había dado, o que se habían ganado la antipatía de su señor o del capataz, sumados también a los que habían cometido alguna falta. Todos ellos podían ser transferidos a un instructor, llamado "lanista", que era el encargado para transformaría en gladiadores. Generalmente, cada Señor tenía su lanista, que tomaba bajo su cuidado a estos esclavos y los instruía en el uso de determinadas armas, para combatir en los anfiteatros. Las enseñanzas y los entrenamientos eran feroces, con castigos durísimos que servían para plegar las resistencias más tenaces. Logrado esto, el lanista los consideraba como sus discípulos, enseñándoles la ética de los gladiadores, que era combatir con coraje y aceptar la muerte con dignidad.

Los distintos propietarios (los Señores), bien informados por sus lanistas, favorecían los enfrentamientos de sus gladiadores con los de otros dueños y apostaban dinero, como hoy se suele hacer en las carreras de caballos. Entonces, anunciaban previamente los combates, para que otros apostadores se interesaran. Con el tiempo, se movió mucho dinero con esta práctica, y la misma se convirtió en un gran negocio. Esto tuvo como consecuencia la búsqueda de esclavos más fuertes, para ser destinados, desde el principio, a estos ejercicios, en lugar de destinarlos a otras tareas.
Entre los gladiadores entrenados, se podían distinguir: el "Reziario", que tenía una gran red y un asta con tres dientes de acero. Con la red tenía que inmovilizar al adversario; el "Secutor", armado con casco, escudo y espada; el "Mirmillón", que tenía un casco con la figura de un pez y una espada muy larga; el "Trace", armado con escudo y espada corta; y muchos otros.

Cuando un gladiador se exhibía con mucho éxito y con gran valor en la arena, podía ser nombrado "Rudiario" y dejaba para siempre las arenas romanas, con un reconocido gran honor. Se les entregaba entonces, como premio, una espada de madera, llamada "Rudis".
En el curso de los combates, un gladiador herido podía pedir clemencia, levantando el brazo derecho. Los espectadores decidían su destino, pidiendo al Emperador o a quien lo reemplazara, su salvación o la muerte. Si era condenado con "pollicem vertere" (pulgar hacia abajo), su adversario tenía que matarlo. De rehusarse, era flagelado y perdía todo su prestigio. Antes del inicio de la función de combates, todos los gladiadores debían entrar en la arena y saludar al Emperador con la célebre frase "Ave Cesar, morituri te salutant".

4- LOS CRISTIANOS

Cuando el cristianismo invadió el Imperio Romano, hubo grandes y encendidas polémicas. La nueva fe fue generalmente resistida, y su penetración fue muy lenta. En efecto, la doctrina cristiana perturbaba todas las creencias de aquel entonces: predicaba amor al prójimo, perdón a las ofensas, gran humildad y paz generalizada; todo esto en una sociedad violenta, con un gran orgullo por su posición y por los resultados obtenidos. Evidentemente, nada era compatible, y los resultados no podían ser muy pacíficos. Por este motivo, los cristianos tenían que esconderse para practicar su nuevo culto: debían hacerlo en lugares ocultos, que hoy llamamos "catacumbas"; éstas eran grutas, subterráneos, laberintos de galerías, sitios escondidos, generalmente en la campaña. Recordamos algunas de ellas:

San Calisto: descubierta en 1854. Se encuentra la tumba de San Sisto, hay muchas criptas, tumba de mártires, pinturas bizantinas, diversas inscripciones.
San Pretestato, está en la vía Appia antigua.
San Sebastián. En ésta, según una inscripción, estarían sepultados 70.000 cristianos.
Santos Nereo y Achilleo: son las más ricas en inscripciones. En 1874 fue descubierta la Basílica de Santa Petronilla.
Santa Agnés, Santa Ciríaca, Santa Domitilla, Santa Priscilla, y todavía hay más.

¿Documentaciones concretas de martirios? No, no las hay. Solamente las inscripciones, las tumbas, las presunciones de que realmente existieron. En efecto, sabemos que los cristianos padecieron persecuciones y torturas, por lo que dejó escrito Cayo Cornelio Tácito (55-107), escritor romano contemporáneo de Nerón, Vespasiano, Tito y Domiziano. Tácito, como escritor, relató los hechos de entonces en los famosos "Annali" (Anuales), de los cuales solamente nos quedan algunos libros. En ellos, Tácito acusa a Nerón de haber inculpado injustamente a los cristianos por el incendio de Roma (el que ocurrió durante su reinado), pero agrega que los cristianos merecían las penas más severas por difundir supersticiones que dañaban al pueblo (se refería a la doctrina cristiana, al catecismo). Además, Tácito dice no sentir piedad por las torturas sufridas por ellos (los cristianos) ya que se las merecían.
Hay mucho más en los "Anuales", pero los escritos de Tácito prueban las persecuciones y torturas iniciadas por Nerón hacia los cristianos, continuadas luego por Domiziano, Trajano, Marco Aurelio, y todos los demás Emperadores hasta Constantino, quien, con el edicto de Milán en el año 312, proclamó al cristianismo como religión de Estado.

Cabe una conclusión sobre este tema: aún sin documentación directa y, conociendo las costumbres violentas de aquellos tiempos, el rechazo generalizado a la nueva religión y los escritos de Tácito, se puede deducir que el martirio de miles y miles de cristianos haya sido más que probable.

Adolfo Ruspini

REFERENCIAS:

[#1] = Tito reemplazó a su padre Vespasiano en el año 68, cuando el ejército romano estaba sofocando la rebelión del pueblo hebreo, comenzada en el 66. Vespasiano regresó a Roma luego del asesinato de Vitellio, y fue elegido Emperador. Tito quedó al comando de las legiones, sitió Jerusalén, la expugnó en el año 70 y la destruyó. La población fue masacrada, miles de prisioneros fueron llevados a Roma como esclavos y el resto de la población emigró por el mundo, dando fin al estado hebreo.

[#2] = Es muy posible que los esclavos empleados en la cava para sacar el tiburtino para construir el Coliseo hayan sido los prisioneros hebreos tomados por Vespasiano y por Tito en las luchas contra los hebreos. Algunos historiadores citan esa posibilidad, por haber sido los últimos llegados en cantidad considerable y por hablar todos ellos el mismo idioma, cosa que facilitaba las tareas a los capataces.